La habitación color tabaco de

Papá Ino

¿Cómo le explico a tu fiel amigo, ese viejo cenicero que vi día a día a tu lado durante veintidós años que ahora suenan tan pocos, que fue cómplice de tu ausencia? O a esos calcetines sin usar que nunca sabrán lo que es impregnarse con tu aroma.

Después de estos años, por fin he tenido el valor de entrar a bañarme en tu recuerdo, a respirar tu esencia e inundarme en añoranza por ti.

Me invade una extraña sensación que me presiona el pecho y hace un nudo en la garganta. Eras mi maestro y amigo, mi versión más vieja y sabia; mi papá Ino.

A ninguna de tus cosas le llegó el memorándum que anunciaba tu partida definitiva, todas ellas siguen esperando pacientemente por ti y no me atrevo a moverles. Que te esperen el tiempo que quieran ahí, justo donde las dejaste.

Solía detestar el aroma y los tonos tabaco de este lugar; sabía que te hacían mal y no me gustaba la manera en la que se impregnaban en cada rincón incluyendo mi ropa, mis dedos o mi cabello. ¿Quién diría que algún día todo eso sería mi consuelo?

Un día en tu habitación, hace seis meses, ayer, dentro de unos días ó unos cuantos años... siempre será el mismo; solo que quizás cada vez un poco más empolvado.

2015